El monitoreo de radón es fundamental para controlar un ambiente interior saludable en los edificios. El radón es un gas que no tiene color, sabor ni olor, pero es altamente carcinogénico. Es más pesado que el aire, por lo que se mantiene cerca del suelo; sin embargo, debido al llamado efecto chimenea, puede infiltrarse en los edificios a través de diversas fugas o grietas. La República Checa se encuentra entre los países con la mayor incidencia de radón en el mundo. El radón se forma a partir de la descomposición gradual del uranio y del radio, es altamente radiactivo y, al ser inhalado a largo plazo, se acumula en las vías respiratorias y las irradia, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.